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Las muchas formas de donar: cómo donar puede enriquecer su vida y hacer del mundo un lugar mejor



El haber fundado y trabajado en una fundación sin fines lucro que rescata y rehabilita animales abandonados y maltratados (www.pranimals.org) en Puerto Rico nunca me preparó para que gran parte de mi tiempo y dedicación se centraría en preguntarme (y preocuparme) como sustentamos  y financiamos las operaciones de esta misión de vida. Muchas veces nos preguntamos, ¿por qué hay tanto dolor e injusticias en este país?, y pensamos, ¿cómo llegamos hasta aquí? Pues si de algo estoy muy segura, es que no llegamos aquí porque nos desbordamos (tú y yo) de actos de generosidad, compasión y responsabilidad. Es importante que todos nos comprometamos a trabajar juntos para construir un país más justo y equitativo. Tampoco podemos pensar que vamos a resolver todos los problemas donando, ya que sabemos que todos los problemas sociales son complejos y no hay solo una solución para ninguno. Los únicos que nos ofrecen soluciones milagrosas son los políticos y religiosos. Sin embargo, reconocemos que se tiene que trabajar de forma colectiva, desde muchas visiones, perspectivas y contextos. 

Siempre me sorprende que aún no entendamos que servir es la única forma que podemos lograr un mejor mundo y a la vez sentirnos mejor. Si hoy le preguntas a cualquiera al azar, ¿quieres ayudarme a crear un mejor mundo? Estoy segura de que todas y todos dirían que sí, ya que nuestro estado natural es querer contribuir, hacer la diferencia y conectarnos. Hasta los niños/as les gusta dar y actuar de forma social. Afortunadamente he tenido la oportunidad de conocer personas que cuando conciben que dar y servir les provee una nota natural de felicidad les transforma la vida. De hecho, cuando por fin lo hacemos sus efectos pueden ser profundos y duraderos. Las investigaciones muestran que dar nos hace más felices, pero ese dar tiene que estar conectado socialmente, lo que significa que tiene que haber una conexión entre el donante y el que recibe. De nada sirve sacar la chequera y darme $20.00 si vas por la vida envenenando gatos porque no te gustan en tu urbanización. 

En la actualidad, apostamos a la desconexión y la paranoia del otro. Es una cultura en donde se fomenta la superficialidad, el yo y las apariencias. Andamos con nuestros celulares esperando el momento perfecto del “selfie”. Sin embargo, esta forma de pensar es la que nos tiene deprimidos y ansiosos. Mientras más suspicaces seamos de nuestro colectivo más desbalanceados estaremos. Cuando sentimos que los otros no importan, más se agudiza en nosotras sentirnos que no importamos. Es un círculo vicioso de egocentrismo y soledad. Las estadísticas de salud mental van en picada, a pesar de que nuestra calidad de vida (salud, bienestar psicológico, relaciones sociales y ambiente) han mejorado. Los medios sociales solo han creado un espejo de lo que quisiéramos ser. Son mundos virtuales de auto celebración continua (y que bueno que tenemos cosas que celebrar), pero al final al cabo no reemplaza las conexiones que necesitamos con otros seres humanos para mantenernos balanceados y sentirnos en comunidad. Servir y donar es una oportunidad para abrir nuestros corazones y fortalecer nuestras relaciones con otras y otros. Conectarnos con causas que van más allá de las preocupaciones individuales nos provee un espacio para recalibrar el ego y abrir nuestros horizontes. Nos provocan emociones positivas de gratitud, felicidad y satisfacción.

Para aclarar, donar no siempre significa dinero. Puede significar muchas cosas tales como tiempo, talento y conocimiento. Muchas veces pensamos, que solo la gente que le sobra es la que dona, pero en las investigaciones resulta que esto no es cierto, aun teniendo poco, donar nos llena el tanque emocional y el alma. Nos provee ánimo de seguir ayudando y aportando. Hace que veamos al mundo como uno maravilloso y lleno de oportunidades. Apostar al optimismo es una de las mejores formas de ir por la vida, porque nos ayuda dejar a un lado – “el pá que, si lo que yo hago no hace diferencia” y nos empuja a pequeños actos de generosidad y solidaridad. Cada una de nosotras y nosotros le toca decidir todos los días cómo aporto a que este mundo sea uno más justo, compasivo e inclusivo. Todos los días podemos ayudar y no lo hacemos y ahí está el problema. Y no estamos hablando de cosas extraordinarias, como adoptar a todos los animales callejeros o donar miles de dólares (ojalá alguien lo haga) pero son las cosas pequeñas, es dejarles agua a los gatos de la comunidad, comprar un café extra para alguien pidiendo dinero en la luz, es sonreír y decir buenos días. Ojalá, con estos actos pequeños que todas y todos podemos hacer, vayamos por la vida más felices y creando un mundo extraordinario para nosotros y todos los que nos acompañan. 


Úrsula Aragunde Kohl, Psicóloga Clínica, Profesora e Investigadora UAGM, Gurabo

Cristina Adrianza, Psicóloga Escolar, Educadora Compasiva 


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